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lunes, 9 de noviembre de 2009

Una máquina para oler

lunes, 9 de noviembre de 2009
Una máquina para olerLas narices electrónicas, como instrumentos de olfato artificial, ya existían pero sus resultados variaban a lo largo del día o entre días. Ahora, la Universitat Jaume I de Castellón ha puesto a punto una nariz que limita las variables, como el ambiente, la temperatura del laboratorio o la humedad, que provocan esas pequeñas modificaciones en los resultados, al menos, en lo referente a la componente aromática. Así, los investigadores del grupo de Mejora de la calidad agroalimentaria de la Jaume I, han comenzado a aplicar un sistema que posibilita comparar las características aromáticas de diferentes muestras de un producto, con el fin de seleccionar las de mejor calidad.

La investigación se ha centrado en los tomates. La metodología parte de la toma de muestras, que calientan para generar los volátiles que pasan a la máquina de sensores y son analizados. Con un olor como referencia, los investigadores pueden determinar qué variedades se aproximan más a la deseada por el productor o a la preferida por los usuarios.

Hasta el momento los dos sistemas que se empleaban habitualmente para el análisis de muestras eran, según el investigador Salvador Roselló, el panel de cata y el análisis químico. El primero "está formado por expertos que dan información muy valiosa pero tiene un uso limitado y costoso, ya que sólo se pueden realizar unas pocas catas al día".

Respecto al análisis químico, a través de un espectrómetro de gases-masas, ofrece información sobre todos los compuestos volátiles de un producto "pero es una información excesivamente abstracta en la que se pierde la evaluación global del conjunto". La nariz electrónica desarrollada por la Jaume I reúne características De estos dos sistemas tratando de evitar algunos de sus problemas. Otra ventaja del uso de este equipo es que se pueden congelar las muestras para evaluarlas de forma paulatina, de modo que "en un periodo de unos meses puedes haber evaluado cantidades importantes de muestras".

Las aplicaciones de esta tecnología no se limitan a los productores de tomates. "También tenemos experiencia con melones por lo que sería fácilmente extrapolable", explicó Roselló que considera que la nariz electrónica se podría adaptar a otro tipo de frutos. Así, considera que la industria agroalimentaria podría utilizarlo como control de calidad para cualquier producto pero apunta que también sería útil para empresas de semillas, que necesitan seleccionar su material vegetal y ofrecer un producto diferenciado, por lo que dedican importantes recursos a I+D.

MARÍA FABRA / ELPAIS.com


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